Humor pol?tico - Political humor - Humour 
   politique


CONFIDENCIAS A NIVEL MINISTERIAL

(Donde se habla de morfar sin herniarse en el intento)
-Escenario: República de Brutlandia, 1992-

“Mangiare”, dicen los tanos, y se les hace agua la boca, pensando en los tallarines que hacía la nona, allá en Portofino del Mare. Nosotros, nietos de esos inmigrantes que hicieron la patria, somos herederos de su tradición cultural. Y a partir del día martes de cada settimana, soñamos pensando en las milanesas rellenas que manducaremos con la barra el próximo finde. Si después hay mate y bochas como condimento telúrico, más mejor. Y si encima de eso surge un convite de pastelitos y empanadas, cambiamos de velocidad. Como el rácer de mi viejo cuando yo se lo afanaba, al meterle una segunda que sacándolo de mamotreto lo hacía compartir la gloria mecánica nacional. Porque en este mundo todas las cosas tienen su razón de ser. El que aparece manejando un bote es caporale, pero attenti con las pilchas y las costumbres de bacán. Más que nada las vinculadas a nuestro perfil gastronómico, que con la panza llena sos un capo, pero si el buche toca fondo, ni pa’ chirola te bancás el nombramiento.
-¿Nombramiento de qué cosa? -preguntó un curioso.
-Inspector de zócalos con contrato en dólares -repuso una rubia con cara de torta frita, que laburaba como secretaria vitalicia.
-No pesco la movida- dijo el Locatelli Sánchez, medio nervioso, porque estaba en juego su futuro.
-Quedáte piola, chamigo, ya vamos a ubicarte -agregó un tío segundo del ministro, oriundo del interior, que sin otras habilidades para ofrecer a la Patria, laburaba como ordenanza- De este asunto me ocupo yo, que de tanto llevar café, estoy bien relacionado. Pero si querés tomar vos la iniciativa, te voy a dar un consejo.
Locatelli escuchó atentamente, y al ratito salía disparado hacia el espacio aéreo en un ascensor con música funcional, Media hora más tarde regresaba sonriente.
-¿La pegaste?
-Gol de media cancha, hermano.
-Entonces hay que celebrarlo castigándonos con algo sabroso, antes de que lleguen los funcionarios a romper las pelotas. Ya son las una.
-¿”Don Pepino” te gusta?
-Todos los restaurantes del centro son iguales, che. Si entrás a lo camba, con anillo de oro y panza, te ofrecen la mejor mesa, y te hablan en inglés.
-¿Parlaste con el dire?
-Sí.
-¿Y qué dijo cuando oyó tus inquietudes?
-Me atendió enseguida.
-Entonces te hicieron un buen currículum, en el Partido…
-No hizo falta, porque le mandé una notita yendo al grano.“¿Me podría ayudar en un fato con muchos verdolagas, doctor?”
-Plantéelo por escrito en Mesa de Entradas- dijo un perejil que cuidaba la puerta, con orden de hacer pasar solamente a los olfas.
-Donde come uno, comen todos, y la cometa es sabrosa, vea.
-Secretaría privada, entonces, señor.
-Cuarto piso -dijo el ascensorista- Biblioteca, Asesoría Jurídica, Recursos Humanos, Dirección General.
Así fue como el Locatelli Sánchez logró su nombramiento. Asesor de segunda, pero por tiempo indefinido. Había que celebrarlo.
-¿Volvieron de “Don Pepino” los muchachos? -le preguntó a la secretaria- Tengo algo que contarles.
-Es temprano, jefe. Haré que lo acerque un coche del Ministerio.
-No quisiera distraer al personal en horario de trabajo.
-No se preocupe, que la flota de limousines está para servir a los funcionarios. Vaya tranqui, y busque a sus amigos en la zona VIP.
Dicho y hecho. Apenas el Locatelli había llegado a planta baja, se le acercó un chófer de uniforme gris perla y gorra.
-El coche lo aguarda, excelencia.
“¡Mamma mía!”, pensó el destinatrio de tan exquisito saludo, porque era la primera vez en la vida que nadie lo llamaba así.
Lo habían confundido con uno de los grandes, sin duda, y en tales circunstancias, mejor demostrar quién era quién.
-Menos charla, y vamos rápido -respondió, sin saludar.
-Como Vd. mande, dotor.
Cuando el Rolls Roice llegó a la trattoría “Don Pepino”, recién lavadito y exhibiendo brillantes chapas oficiales, un policía que estaba en la esquina se acercó coriendo. Más que nada para evitar que el tráfico molestara al personaje. Este miraba con indiferencia desde el asiento trasero, esperando que el chófer abriera la puerta. Por fin, se bajó del coche, y dirigiéndose al portero del restaurante ordenó:
-Lleváme a la sección VIP, che, que no tengo tiempo para andar pateando por los pasillos, como un gil.
El vigilante saludó militarmente, y el más sutil protocolo se extendió como un manto de magia sobre la entrada.
-¡Dejen pasar al dotor, che!
-¿Desea firmar el libro de visitantes ilustres?
-Después del almuerzo.
Pero la gloria también tiene sus baches.
-¿Qué hacés, Locatelli? -gritó de pronto una voz de borrachín, desde la zona VIP.
Entonces se acercó a los tumbos un señor con gestos ampulosos, aunque su elegancia dejara algo que desear. En mangas de camisa remangadas sobre los codos, tiradores verdes, pantalones llenos de arrugas de tanto estar sentado, y zapatos con los cordones sueltos. Aunque mirándolo con simpatía, se le pudiera adivinar cierto aire deportivo, compensador de la escasa intelectualidad.
-¡Vení, pichón, que acá se morfa un kilo, y la dolorosa va al Ministerio! -gritó sacudiendo las manos, con la franqueza de los borrachos.
El recién llegado lo miró en silencio, mientras los curiosos hacían comentarios. Pero el gordo no había terminado su discurso.
-Ponéle la millonaria, que con el sueldo que nos pagan, ni para vivir a sánguches te alcanza, che… –dijo, por último.
La gente miraba, y había que contestar algo, así que Locatelli le hizo una observación en voz baja.
-Claro que está la caja “B”.
-¡Gracias a Dios! Eso nos salva a todos.
Pero las cosas empezaban a degradarse. Una nube de curiosos seguía con interés los acontecimientos, y si ese diálogo terminaba en los periódicos, daría origen a un escándalo de proporciones.
-Seamos discretos, que hay moros en la costa -susurró Locatelli, dirigiéndose al gordo.
-Sos un genio de la administración, che… ¡Recién nombrado, y ya te avivaste de cómo viene la pomada! Vas a hacer carrera, pibe. Como el Chuchi Salama, que entró para limpieza, y ahora es director general de Confrontamiento Logístico.
-¡Qué vocación laboral tienen algunos!
-Lástima que la matufia ya no sea tan fácil como en tiempos de los verdes, pero con un poquito de orto, siempre te abrís camino.
-Como en Wall Street.
-Como en la City.
-Eso es muy cierto. En todas partes la gente capaz hace carrera.
Entonces se sentaron en un salón con un mozo en cada extremo, donde había varias mesas ocupadas por los colegas.
-¿Desea que le traiga el menú, doctor?
-No vine a leer, sino a reponer fuerzas luego de un largo día de trabajo. Tráigame un bife con huevos fritos y tortilla de papas.
-¿Desearía vitel toné con suflé parisienne?
-¡A mí no me hablés en inglés, y buscáme el morfi, o te hago dar de baja!
-¡Qué carácter autoritario! Debe haber sido militar -dijo un señor.
-¿Y de postre?
-Un cacho ‘e sándia.
-¿Sandía con vino tinto, doctor?
-¡Policía! ¡Policía! -empezó a gritar Locatelli, con la cara colorada como un tomate.
Al ratito llegaron dos patrulleros de la Comisaría 99, apeándose un oficial y cinco agentes enmascarados que vestían chalecos antibala, esgrimiendo fusiles FAL.
-¡Todo el mundo al suelo! -gritó el jefe de la patrulla, con una voz ronca que no admitía réplica.
Y dirigiéndose a Locatelli, dijo amablemente:
-¿Qué ha ocurrido, doctor?
-Acaban de ofrecerme sándia con vino tinto…¡Estos terroristas me quieren asesinar!

THE END

Copyright: John Argerich, 2008
All rights reserved.
www.corrmalmo@hotmail.com

La serie quincenal “El amasijo” se publica regularmente en una treintena de medios, de diez países, tanto impresos como virtuales.




Gravatar

Email This Post Email This Post







elcadillo.org - Political humor is proudly powered by WordPress | Diseño adaptado por Guerry
Entries (RSS) and Comments (RSS).


Creative Commons License
elcadillo.org | The works signed by Guerry is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 2.5 México License. Based on a work at www.elcadillo.org.